Por José Pablo Salas
@joso9
Tanto nos hemos tragado el cuento de la democracia que
cualquiera de nosotros corre peligro de, un día, ir caminando por la calle y
¡BAM! Que llegue cualquier zoon politikon
y te democratice así sin más. Si en primaria nos enseñaron que democracia
significa “poder del pueblo” ¿cómo la hemos logrado convertir en verbo? A tanto
ha llegado esta osadía lingüística que ahora hablamos (y hablamos mucho) de
“democratizar” los medios.
¿Qué significa democratizar los medios?, ¿dejar los medios en manos de los ciudadanos?,¿convocar
a elecciones para escoger al sucesor de Azcárraga Jean y Salinas Pliego? Bueno,
pues eso no va a suceder. Hemos asumido (quizá erróneamente, aunque no lo sé)
que democracia y capitalismo van siempre de la mano, así que nadie le quitará a
los actuales concesionarios su poder mediático. Claro, podrían retirarle la
concesión de su espectro radio-eléctrico a Televisa y luego… dárselo a otro
particular millonario que pueda pagar la contraprestación. Esto difícilmente
democratiza en algo los medios. La lógica se mantiene.
Hemos de entender que, a pesar de su función social, los
medios de comunicación son empresas privadas. Como tal están sujetas a las
leyes del mercado y su principal objetivo es generar ganancias, no decir la
verdad, ni crear cultura, ni ofrecer contenidos de calidad. Si vende es bueno
para ellos. Así entenderemos que ningún medio dirá algo que perjudique su rating. Faltaba más. Como si yo pusiera
una panadería y les dijera que la masa estaba echada a perder. Pero este fenómeno de monopolizar el discurso
se contiene a través de la competencia. En teoría más medios significan más
opciones, distintos competidores ofreciendo contenido de mayor calidad,
desvelando lo que los otros ocultan. La ventaja competitiva sería la
inteligencia, no la ínfima oferta mediática. Quizá así podríamos ahorrarnos el
poder desmedido de ciertas cadenas que ya hasta construyen presidentes a modo.
La otra opción sería someter y mantener a los medios de
información en manos del Estado, cosa que a todas luces es poco conveniente;
pues si el gobierno ya tiene el privilegio de la violencia, darle además el
poder de imponer el discurso oficial a través de los medios masivos sólo
puede conducir al desastre.
Aunque muchos sepamos (y muchos otros intuyan) que Televisa
ofrece información tendenciosa en sus noticiarios, no podemos exigirle que
cambie su línea editorial. No hay manera, no va a suceder. Imponer un comité de
control de contenidos sería tanto como un ministerio de la verdad a la Orwell. Comprendamos
primero que los medios no dicen la verdad, pues ésta no existe en letras
mayúsculas, sólo ofrecen un discurso particular de la misma. El discurso del
#Yosoy132 es tan válido como el de Salinas Pliego… claro, él sí puede enviarlo
a millones de hogares en México. Ahí radica el problema.
Aunque las empresas fomentan mensajes que les convienen,
también hay intentos de competir a través de calidad de información. Ahí está
el grupo MVS. Joaquín Vargas no es ningún paladín de la libertad de expresión,
pero periodistas como Carmen Aristegui y Luis Cárdenas que, día a día, lanzan
ácidos dardos al sistema político y comunicativo, son muy escuchados. Esto
representa dinero para la empresa. Empresa que es criticada por sus
competidores y todos felices. Salvo Calderón y su berrinche de la 2.5
Existen mecanismos que hay que apretar para tener una mayor
oferta mediática, Internet es una herramienta que permite expandir nuestras
opciones pero todo pasa por crear audiencias educadas e inconformes. Público
crítico capaz de apagar, de vez en cuando, la caja idiota. ¿No le gusta
López-Dóriga? No lo vea. E invite a otros a no verlo. En una de esas ya le deja
la silla giratoria a Loret. Popocatépetl.




0 comentarios:
Publicar un comentario