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jueves, 31 de mayo de 2012

Instrucciones para debatir en México (Una guía para evadir polémicas)

Por José Pablo Salas

En vista de lo indispuesto que se encuentra nuestro sacrosanto Instituto Federal Electoral para realizar debates presidenciales (y lo lo mal que los hace), procedo a dejarle algunas instrucciones generales sobre cómo discutir con sus compañeros de trabajo, amigos y familiares, acerca de las próximas elecciones presidenciales:

Primero: Nadie se ve con los cuates para hablar de política. No en México. Si quiere hablar de ello aproveche una comida familiar o una cena de trabajo. Es indispensable que el tema surja entre la sopa de fideo y las enchiladas suizas. Nunca en el postre, a nadie le gusta salir del restaurante con un sabor amargo en la boca.

Segundo: No aborde el tema directamente, la discusión franca, inteligente y abierta nunca ha beneficiado a los países de incipiente democracia. Mencione, a manera de introducción, el bache que no han tapado en su colonia, o lo altos que están los precios de la luz y después exclame “¡Pero es que los políticos se roban todo! Por eso estas elecciones voy a votar por _____”

Tercero: Espere a que sus compañeros frunzan el ceño y expresen sus preferencias políticas. Mientras usted escucha, menee la cabeza con incredulidad, como si la decisión de por quién votar fuera obvia, sencilla y automática.

Cuarto: ¡No dé cuartel! Ni se le ocurra escuchar los argumentos ajenos y proceda a descalificar la opinión del otro: ¡Cómo crees, ese güey es un corrupto! O ¡Ése toda la vida ha comido de nuestros impuestos! O el infalible ¡Cómo por él si es bien ratero!

Quinto: Su contraparte deberá igualmente pronunciarse en contra del candidato que usted escogió. Una vez que lo haga, prosiga la defensa de su mero gallo con la fórmula del por lo menos. “Por lo menos él no acabó la carrera en catorce años”, “Por lo menos es una mujer y las mujeres no han gobernado en México”, “Por lo menos su partido no estuvo setenta años en el poder”, “Por lo menos él no lleva cincuenta mil muertos”.

Sexto: Si se ve obligado a hacer una concesión a favor de su oponente contraataque de
inmediato. Puede utilizar el consabido: “Pues sí, pero eso no le quita lo corrupto, ratero, hipócrita, estúpido, machista, pendejo, inútil, etcétera”.

Séptimo: Ha llegado el momento de las declaraciones fuertes. Aquí se vale decir de todo y si es necesario deberá contradecirse. Señale los vicios de los demás (así sean rumores) aunque su propio elegido también los padezca. ¿Qué más da si Vázquez Mota tampoco sabe quién es Carlos Fuentes? ¡Poco importa que el Peje y Peña Nieto sufran la misma obsesión por el trono! Usted escupa, berree, maldiga y critique sin piedad a los otros candidatos. En este paso se generará un momento de incomodidad, de ser necesario retorne al meneo negativo de cabeza con mayor énfasis. Finalice con una frase poderosa: “¡Pues será todo lo que tú dices pero yo voy a votar por él con tal de que no llegue el otro!”

Octavo: La tensión disminuye. Después de un momento de silencio muéstrese conciliador y suelte la frase que resume la realidad nacional: “La verdad es que nos toca votar por el menos malo.” Once palabras que el IFE se empeña en tratar de desmentir a cada momento.

Noveno: Ríase de la discusión que acaban de tener. En este momento de las enchiladas no debe quedar rastro. Pida un café y un postrecito. Para acabar de relajar el ambiente exprese: “Es que la neta todos los políticos son iguales.”

Décimo: Una vez que se encuentre solo, no escuche esa voz insinuante de que tal vez usted no tenía razón. Es importante comprender que discutir de política en México tiene más que ver con la fuerza de voluntad que con un ejercicio de discusión argumentado. Finalice la tertulia preguntando cuánto quedó el Cruz Azul-Atlante.

miércoles, 30 de mayo de 2012

"Rebelión safari"

Por Francesc Messeguer Lavín
   
                                                     "Rebelión safari"
                                                                                          
I. El safari y su rebelión

En ese punto de convergencia del Palacio de Ladrillos; en ese lugar de reunión de personajes pertenecientes a las mas diversas culturas, quienes se saben como aficionados a muy distintos fetiches; y en general, en esa fuente circular que se posiciona —visto desde un ojo ajeno, por supuesto— como el pináculo del lugar común, se realiza un performance. 

Están, pues, los que fuman —¿qué es la fuente sino la zona cancelada de restaurantes que permiten la convivencia de fumadores, esa segunda oportunidad?—, los que escuchan música y los que juegan, los que se sientan a comer y los que solamente se reúnen. Pero están todos juntos y separados: son la soledad colectiva; y cada uno está contribuyendo a su manera. Si la fuente es el lugar de la segunda oportunidad, entonces nada sorprende el hecho de posicionarse como un lugar de intercambio social; mismo que se evita—en muchos sentidos— porque se le mira desde una lupa que generaliza, pero que sobre todo cega. Y en ese sentido, el chico que viste de negro no habla con el que viste de traje. Ay, ¿ya viste a ese fresita? Yo con él no me junto.

Pero en el caos sistemático —que es de alguna manera la fuente del Palacio de Ladrillos—, en ese ser consuetudinario, una comitiva, liderada por una mujer que viste bermudas de color verde, con una blusa de leopardo; botas de escalar y un sombrero de explorador propio de alguna adaptación cinematográfica de personajes selváticos; y en cuyas manos sostiene un letrero que deja leer la consigna "Safari", se acerca de pronto a la fuente circular, seguida por una pareja de novios. Muy cerca de ellos, un hombre toca una guitarra: toca Pink Floyd. 

—Bienvenidos al safari en la fuente —dice la guía turística, mientras se acercan al perímetro circular de la fuente hasta un hombre que viste lentes oscuros y habla por su teléfono celular. —Aquí podemos ver al "Papaloy". Se le puede encontrar en departamentos como el de Derecho o Negocios. Se caracteriza por vestir trajecitos y usar lentes oscuros. 

Mientras la guía del Safari describe a uno de los especímenes del perímetro circular de la fuente, la pareja de novios que la sigue, no deja de fotografiar al mismo. 

Después de pasar al "papaloy", la guía turística hace lo mismo con una mujer que tiene el pelo de varios colores: rubio, azul y negro; y de quien dice que es un "hipster" o un estudiante de Comunicación: no hace diferencia entre ambos. El nuevo especimen es descrito como aquel que gusta de perder el tiempo en la fuente y quien se sabe como un ser importante dentro de la comunidad universitaria por ser colaborador de su estación de radio. La pareja de novios también los fotografían. 

El algoritmo se repite otras tres veces: con el "metalero", el "mirrey" y la "mirreina"; hasta que esta última se enoja con la guía de Safari, con quien se comienza a jalonear

—¡Oye, a mí no me catalogues! —grita la mirreina, mientras deja a un lado su teléfono celular. —¡Yo soy una estudiante como cualquiera de los que están aquí! 
   
Mientras comienza el pleito, uno a uno, los especímenes descritos comienzan a unirse a la mirreina, y se pronuncian en contra de la guía de safari; a quien persiguen por el perímetro circular, hasta que en una serie de jaloneos, termina dentro de la fuente bañada en aguas de verguenza. La pareja de novios la fotografían. 

***
El performance termina, y sólo muy pocos podemos saber su título: "Rebelión safari"; que es lo que sucedió —de alguna forma— el 11 de mayo en la Universidad Iberoamericana. Que la guía de safari es Peña Nieto y su partido dinosáurico; que las fotografías son los medios y los novios sus líderes; que la Ibero es el Palacio de Ladrillos; y que el lugar común se desmantela como lo hace una protesta estudiantil.

II.Nota preliminar

En la víspera de aniversarios de movimientos sociales alrededor del planeta: gobiernos que caen como en Libia y Egipto; protestas ante los privilegiados americanos, como Los Indignados —y sus muchas variantes, según el espacio geográfico en turno—, o el 15-M en España; las protestas en Chile ante un esquema educativo anacrónico; ante las críticas de no muy pocos medios y líderes de opinión —publicada en todos los sentidos— nacionales, y sobre todo, ante el cuestionamiento de los mencionados medios y líderes ante la supuesta y aparente apatía que invadía los titulares de sus columnas y periódicos en una sola pregunta: “¿en dónde están los indignados mexicanos?”; tuvo que surgir una manifestación por parte de una universidad privada para que, entonces, esos mismos medios y líderes quedaran indignados ante la misma y consiguieran, a toda costa, darle la menor importancia. 

Tony Judt en su Algo va mal (2010), escribió que existe una tendencia del hombre de preocuparse por aquellos problemas que se saben muy lejanos a su comunidad. Esto en muchos sentidos, explica el éxito de campañas como KONY 2012, o brigadas de ayuda a desastres naturales en otros países como Haití en el 2010. Pero en todo caso, esa creciente preocupación por problemas ajenos hace que, precisamente, no tengamos en cuenta los nuestros. No estoy diciendo, sin embargo, que todas estas iniciativas —cualquiera que sea su fin último— sean en suma negativas; sólo incurro en el hecho de que en nuestro país, hay gente que se muere de hambre; y que sólo se realizan iniciativas semejantes cuando en los periódicos y en general en todos los medios de información, se escapa una nota que habla de un supuesto suicido colectivo. En cuyo caso, ya no son “aquellos que se mueren de hambre y en cuya desesperación se suicidan”, sino son nuestros hermanos. 
   
Los medios de información, en el más estricto sentido, no son tanto reveladores de lo sucedido, como sí generadores de ideología. En ese sentido, entonces, se explican los muchos periódicos y blogs y tuiteros que contribuyen al ejercicio del debate público con diferentes tendencias. Mucho se habla en este sentido: de la responsabilidad social que deben tener los medios al informar en contraste con su aparente arbitrariedad ante estos temas, y entonces, su enfoque hacia el negocio. No debieran, sin embargo, estar peleados estos enfoques; empero que lo están. McLuhan en Comprender a los medios de comunicación (1964), que: "las noticias de verdad son malas noticias". Y entonces, la mala noticia, no tiene que ver en tanto a contenido, sino a su capacidad de venta y repercusiones sociales, económicas y por supuesto, políticas. En este sentido, en el contexto de los medios nacionales, las opiniones, publicada y pública, se dividen: unos no venden lo que otros esperan consumir y los que consumen no creen en lo que está siendo publicado. 
   
Y en lo que parece ser una maldita coincidencia con toda la teoría política-social de Andrés Manuel López Obrador y su Morena, nos encontramos con que aparentemente, los medios nacionales siguen optando por la censura y los intereses de muy pocos (AMLO dixit). En este sentido, entiendo que estos, los medios y sus líderes, son generadores de ideología, cuya responsabilidad, entonces, está delineada precisamente por los preceptos básicos de ese ideal colectivo que pretenden difundir. No obstante, la problemática va mucho más allá.
   
En este país, se ha jugado mucho con la idea de que los ciudadanos no sabemos; se dice que no estamos informados y que creemos en todo lo que nos dicen. Ésta es una idea en absoluto falsa y perversa, pues pretende generar lugares comunes: desinformar a toda costa. No obstante, a todos aquellos que pretenden seguir con este vaivén del carajo, en lo que el acceso a la información se refiere, les desalienta la idea de que ya cada uno de nosotros, es un líder de opinión. Que no necesitamos leer a Ciro Gómez Leyva o ver a Joaquín López Dóriga para saber qué es lo que está pasando. Basta con tener un teléfono celular y vivir bajo la consigna de que, precisamente, algo va muy mal. 
   
En el prólogo de El mito de Ícaro (1984), André Comte-Sponville, escribe: "Nuestro tiempo no es el tiempo de la desesperanza, sino el del desencanto. Vivimos el tiempo de la decepción". No miente: estamos decepcionados. Estamos hartos de una Elba Esther Gordillo que haga lo que quiera; de un SME y en general no muy pocos sindicatos que invadan la ciudad de México, por la falta de acuerdo con nuestros incompetentes políticos que no buscan el mediar, bajo ninguna circunstancia; estamos hartos de “presidentes legítimos” y esperanzas de cambio que se vienen gestando desde el siglo pasado. No queremos más promesas de cambio para seguir igual; ni queremos falsas promesas de una Isabel Miranda de Wallace que se pretende como una ciudadana, bajo la consigna de: "si votas por mí, votas por ti"; pero que muy adentro se sabe como una militante más de Acción Nacional. 
   
Somos ciudadanos que vivimos en un régimen —palabra peligrosísima— democrático que no ha cuajado, porque no se le ha permitido. Es inadmisible que la Cámara de Diputados haya sido incapaz de nombrar a los consejeros faltantes del IFE, por poco más de un año, por falta de consenso. Pero es más inadmisible, todavía, que el IFE sea un juez, bajo toda mira, incompetente. 
   
No queremos ni PRI, ni PAN, ni PRD, ni PT, ni Movimiento Ciudadano, ni mucho menos esos negocios familiares que se llaman Partido Verde Ecologista de México y Partido Nueva Alianza. Queremos vivir en una democracia que se nos ha negado, porque el gusto por el poder es demasiado. Queremos saber que día con día observamos encuestas que nadie pone en tela de juicio; queremos ver noticieros en donde se digan las cosas como fueron; y, queremos, bajo todas las circunstancias, que no se desdeñe al estudiantado como el viernes lo hizo Pedro Joaquín Coldwell, dirigente del PRI, al hablar de la magnífica pieza de resistencia de los estudiantes de la Universidad Iberoamericana, mi escuela, en torno a su candidato; y quien recibió, por parte de uno de nosotros, de un estudiante orgulloso de pertenecer a la Ibero, una respuesta que, en un primer plano, ha encontrado un eco maravilloso en Internet, pero que en un segundo, parece no querer ser respondida por el mencionado dirigente —quien escapa al debate, como la hace su candidato—;  y quien es un egresado de la Ibero, que no parece entender que recibió un diploma por parte de una istitución que, bajo todas las miras posibles, invita a la más variada concurrencia de estudiantes: “metaleros”, “fresas”, “mirreyes y mireinas" —si se quiere—; que sin importar sus más personalísimos gustos y niveles, gritaron al eco: No queremos a Peña como presidente.  

III. De 1968 a 2012 y un baño.

Se pretendía como un viernes como cualquier otro: un viernes de finales de semestre en tonde se respira tensión por cosas como encontrar un lugar en el estacionamiento, y el deseo de no tener que hacer una fila muy larga para poder sacar unas copias o engargolar un trabajo. 
   
Iba llegando yo, con el tiempo contado, a entregar un trabajo final en ese Palacio de Ladrillos, escuchando por el radio la intervención de un político, en lo que me quedaba clarísimo era para él un mitin más.
   
Entré al estacionamiento y cuando quise estacionarme me percaté que había una camioneta negra, blindada, de esas que usan los políticos intocables, mal acomodada en un lugar, estorbando dos más, para evitar, a toda costa, el tener coches cercanos a ella. Invariablemente sabía que Peña estaba en la Ibero. 
   
Después de dejar mi última entrega, caminé hacia el Sánchez Villaseñor, de donde el candidato que se presume de cumplir, y había cancelado, hasta ese entonces, dos veces su visita a la universidad, estaba a punto de salir por sus puertas. Hecho que nunca sucedió pues Peña fue sacado por miembros del Estado Mayor Presidencial, por la puerta que sólo el rector puede usar. Cuando por fin el candidato logró salir se encontró con un tumulto que le gritaba consignas como: "¡Fuera!" y "¡Asesino!"; en contraste con los pocos que mostraban carteles que dejaban leer la consigna: "Contigo hasta los Pinos", y que lo aplaudían. 
   
En fin que Peña, fue llevado rápidamente al edificio de Diseño, en donde está Ibero 90.9, la estación de la universidad, pues tenía una entrevista agendada. 
   
Como yo había entrado a la Ibero, por el estacionamiento que queda cerca del Departamento de Diseño, y además había visto su camioneta negra, sabía perfecto hacia dónde se dirigían los miembros del Estado Mayor Presidencial que escondían a un hombre, cuyo copete se alzaba simulando grandeza. Cuando llegué al estacionamiento me encontré con decenas de estudiantes —todos ellos estudiantes, que he visto en el Iberobús, y en la Fuente o en las cafeterías— con carteles que dejaban leer: "Atenco no se olvida", tapando el paso del candidato hacia el estacionamiento e incluso a cualquier otra zona aledaña al Departamento de Diseño. Mientras la gente le gritaba "¡Asesino!" o "¡Cobarde!", vi pasar a dos hombres de traje, mismos que había visto antes parados junto a la camioneta negra y blindada que estorbaba en el estacionamiento. Los dos iban corriendo: uno de ellos hablaba por su radio mientras el otro sólo lo seguía. En una de esas, el primero dijo: "No sabemos en dónde está. No lo vemos". ¿Lo perdieron? —pensé mientras escuchaba a otros estudiantes que también habían escuchado el mensaje del hombre trajeado y quienes no tardaron en burlarse: "¡Ya lo perdieron!"
   
Después de esto, como se supone que Peña tenía entrevista en Ibero 90.9, decidí ir en búsqueda de una computadora desde dónde poder escucharla. Lo hice, sólo que Peña nunca llegó. La historia cuenta que Enrique Peña Nieto, junto con su equipo, entre ellos Pedro Joaquín Coldwell, dirigente nacional del PRI, y miembros del EMP, llegaron hasta las instalaciones de la estación de radio. Sin embargo, a los pocos minutos, Peña decidió ir al baño. Como el baño que está enfrente de la estación está en remodelación, tuvo que bajar al del piso anterior en donde quedó atrapado por estudiantes que impedían su paso. Y ahí, permaneció por varios minutos Enrique Peña Nieto, mientras probablemente escuchaba a toda la gente que desde las escaleras le gritaba de todo: "¡Asesino!", "¡Hijo de puta!"; en donde se dejaban ver a las secretarias del departamento de Diseño, cargando carteles con las consignas de Atenco y desde donde estábamos yo y la Ibero; todos riendo, sabiendo que había esperanza, después de todo. 
   
En la Fuente, manifestantes mancharon de color rojo el agua de la misma y esperaban a que saliera para, de ahí, enseñarle por dónde salir de la universidad, marcado por el hecho de que no es Bienvenido. 
   
De regreso a las escaleras de Diseño. Estudiantes que estaban mucho más cerca del baño en donde Peña estaba, comenzaron a gritar que el candidato ya estaba por bajar. Una de ellos bajó corriendo y dijo: "¡Va a bajar por el elevador!". Cosa que sucedió, mientras todos aquellos que estaban a lo largo de la escalera se le dejaban venir. Cuando Peña salió del elevador un conjunto de miembros del personal de seguridad de la universidad, hicieron un cordón desde donde impedían que estudiantes pudieran alcanzar al candidato; empero que algunos se colaron junto con periodistas y fotógrafos que buscaban la nota principal. 
   
Peña pasó por Capeltic, Lumen y el IXE del edificio B, entre un tumulto de personas que le gritaban: "¡Fuera!", hasta que llegó hasta el estacionamiento de maestros, en donde lo esperaba esa camioneta negra blindada, en la que no tardó en subirse y desde donde se perdió en el tráfico imposible de Prolongación Paseo de la Reforma. 

                                                                                                                             III. IV. La licencia poética

La masacre de Tlatelolco del 2 de Octubre de 1968, ha sido siempre un tema de mi mayor interés. Siempre me intereso por platicar con personas que estuvieron presentes, o que por lo menos saben algo de ello: me hubiera gustado estar ahí, conocer más sobre lo que en realidad pasó.
   
No pude, por razones obvias: nací en 1990. Pero el viernes pasado, en lo que parece una muy buena broma de la simetría, tuve mi pequeño pedazo de Tlatelolco. Vi cómo estudiantes enojados y hartos se manifestaban en contra de un candidato que representa todo aquello que no quieren; que no queremos. 

Vi cómo un dirigente nacional trató, a toda costa, desdeñar el esfuerzo espontáneo de todos nosotros por manifestarnos a partir de descalificaciones que se hacían presentes a partir de indicadores que vienen acompañados de sentir vergüenza y culpabilidad. Sufrí el desencanto de muchos al observar detalladamente la cobertura noticiosa: vi con ojos de decepción cómo en Foro TV se daba una crónica incompleta de lo sucedido; le mandé un Tuit de reclamo a Joaquín López-Dóriga, ese Florestán que de martes a viernes escribe en Milenio, porque en su noticiero pasaron primero noticias del Popo y de Paul McCartney y no lo sucedido en mi universidad: ¿es acaso Peña más grande que el Popo o el ex Beatle? Aparentemente no. Cuando finalmente en el Noticiero de las 10:30 pasaron la nota, fue la misma que la de Foro TV. He leído y visto en Milenio, ese grupo que se presume de periodismo con carácter, dar una nota sin contexto, presentando los aplausos y rechiflas hacia el candidato como iguales, cuando todos aquellos que estuvimos ahí sabemos que los segundos eclipsaron infinitamente a los primeros; y adjudicando la rectoría de la Universidad Iberoamericana a José Carreño, quien es director del área de periodismo, en la carrera de comunicación. (Milenio. 12 de mayo de 2012. Pp. 5)
   
He leído a Román Revueltas calificándonos de fascistas, en un aparente desliz no deliberado en donde se le olvida que aquellos que son fascistas obedecen a una convicción de autoridad impuesta: los estudiantes sí somos una autoridad, pero jamás impuesta. Nuestro reproche a Peña fue por y para nosotros: fue un esfuerzo espontáneo por manifestar, una disonancia cognitiva entre nuestras convicciones ideológicas y las del Revolucionario Institucional. Si fueramos fascistas, Román, ¿por qué entonces queremos la democracia?
A Jorge Medina Rueda —de Milenio, también—, quien habla de que la Ibero está en una de las zonas más ricas del país, le invito a hacer un recorrido por la Delegación Álvaro Obregón — en donde se ubica la universidad— para que pueda constatar que se trata de uno de los bastiones perredistas por default en el Distrito Federal; en donde las calles están llenas de hoyos; en donde casi no hay semáforos —el viernes de camino a clases me tocó ver a un atropellado porque una persona en su coche decidió darse la vuelta sin voltear a ver quién venía—; en donde Vasco de Quiroga se divide por Televisa Santa Fe, que a su vez divide la zona aspiracional —esencialmente de clase media—, en dos: los de arriba y los de abajo. Situación que por lo pronto, en enero de este año, forzó una manifestación por parte de los del segundo grupo para exigirle a los primero, que los dejaran de excluir en la toma de decisiones.
   
He perdido la fe en el periodismo nacional, en Milenio particularmente; tomando en cuenta que gran parte de sus colaboradores importantes son o han estado involucrados a mi universidad: Ciro Gómez Leyva, Carlos Puig, Carlos Marín. Pero sobre todo, he caído en cuenta de que pese a que me resisto a votar por Andrés Manuel López Obrador, ustedes, los políticos y periodistas, me obligan a hacerlo. Me obligan a votar por alguien que promueve ideas de una constitución moral y, que según él, es el Presidente Legítimo; me obligan a votar por un candidato que presume de ser alguien siempre firme a sus convicciones cuando basta voltear a los libros y saber que miente. 
  Sin embargo, pese a esto, lo más desgarrador del viernes, no es lo que le sucedió a Peña Nieto. Lo más desgarrador es lo que ustedes nos hacen a los estudiantes. Nos hacen creer que pudimos haberle ganado intelectualmente a un candidato que rehúye al debate y que por eso, de entrada, ya le ganamos. Nos critican de grotescos y nos tiran de infiltrados de Morena, cuando por el contrario, nuestra manifestación obedece a convicciones ideológicas a propósito del esquema político del país. Somos los 150,000,000 del poema de Maiakovski, hartos de todos ustedes. Manifestándonos en un acto que obedece a ideales construidos que se sienten y no se piensan. Y en ese sentido, sentimos que el país va mal. 
   
La visita de Enrique Peña Nieto a nuestra universidad, se tenía entendida —bajo los estándares del PRI— como un mitin político más. Pensaban que iban a una escuela de gente que reincide en todos los lugares comunes que se han creado a partir de ella: ignorantes, desinteresados. Pero se encontraron con que nosotros, los estudiantes somos precisamente el presente. Que somos personas dignas de una universidad y, que por lo pronto, no coincidimos con sus lugares comunes. Quizás eso sea lo que más les enoja: esperaban eso de la UNAM —porque sus motivos se siguen moviendo a propósito de lugares comunes— y por eso no van allá. Nunca esperaron un movimiento estudiantil en una de las universidades más caras del país, que se gestara de forma espontánea y que decidiera ser firme en sus reclamos. 
   
Para todos ustedes, políticos, periodistas y dueños de México y sus medios: lo ocurrido el viernes en mi universidad, es la firme muestra de, que en efecto, en la Ibero somos la excelencia. Nunca lo olviden. 

Francesc Josep Messeguer Lavín, orgulloso estudiante de la Universidad Iberoamericana. 13 de mayo de 2012, ciudad de México. 


martes, 29 de mayo de 2012

Que se acabe el mundo

Por Miguel Angel Aguilar Mancera

Dicen los fans de las teorías de la conspiración, lo paranormal y Jaime Maussan, que en 2012 se acaba el mundo porque así lo predijeron los mayas. Suena risible el hecho, sin embargo, incluso Discovery Channel ha dedicado programas especiales a hablar del supuesto fin del mundo donde señores de más de 50 años de barba y anteojos afirman que el cataclismo vendrá el 21 de diciembre del año en curso. Siendo así, nos quedan poco más de seis meses de vida.

En asuntos mucho más importantes y serios, este año todos los mexicanos –bueno, al menos todos los mexicanos mayores de 18 años- elegiremos al próximo presidente de este país. Una tarea nada sencilla para la sociedad mexicana, y más complicada se vuelve esta labor para aquellos que ejercerán su derecho al voto por primera vez

En el partido más viejo de México, el PRI, el candidato Enrique Peña Nieto, mejor conocido como Gelboy, se tambalea entre que no sabe cuánto cuesta el kilo de tortilla –porque no es la señora de la casa- y que deja al Estado de México en una tremenda crisis: feminicidios al alza y una deuda de varios miles de millones de pesos.

Sin embargo, esto parece no haberle afectado al candidato tricolor, ya que sigue estando hasta arriba en las preferencias, y, según los resultados de las casas encuestadoras, si hoy fueran las elecciones, el próximo 1 de diciembre Enrique Peña Nieto tomaría protesta de su cargo en San Lázaro.

La autodenominada izquierda mexicana, comandada por Andrés Manuel López Obrador, Presidente legítimo de México, se enfrenta al repudio de la sociedad en general, ya que muchos siguen con la idea de que AMLO es un “peligro para México”. Aunque, déjenme decirlo, yo tengo una duda: si el Peje es Presidente legítimo, ¿cómo es que pretende ahora llegar a Los Pinos? ¿Que no en este país está prohibida la reelección?

Con todo y su parafernalia del “líder que México esperaba” y los mitines masivos y del tremendo pavor que a algunos les da el hecho de que el Peje llegue al poder, ya que el país se haría socialista, a mi ver es Andrés Manuel el candidato que más cercano se ha visto a la gente y, hay que recordar, es precisamente la sociedad la que al final elige al Presidente.

Supongo que ni Josefina ni Roberto Gil Zuarth ven futbol, ya que de lo contrario, jamás habrían elegido al salado Estadio Azul –por aquello de que el Cruz Azul nomás no es campeón- como escenario de la toma de protesta de la candidata de Acción Nacional. Mientras que el Peje y EPN –éste último con teleprompter incluido- tomaban protesta ante auditorios a su máxima capacidad, Chepina pronunciaba sus palabras ante un estadio medio lleno o medio vacío, según se quiera ver.

La ex titular de la SEDESOL y la SEP ha basado su discurso prácticamente en el siguiente enunciado: soy mujer. ¿El que sea mujer significa que no es corrupta?, ¿O que no sabe gobernar?, ¿O que es menos que los hombres?. En lo absoluto. Sin embargo, JVM debe ofrecer algo más a todo aquellos que pretende voten por ella. Una candidata que no tiene el peso que debería tener el elegido del partido en el poder.

Por Nueva Alianza, el partido de la H. Elba Esther Gordillo, está Gabriel Quadri, que con su 1% debería sentirse más que satisfecho, ya que al señor no le sabemos absolutamente nada, mas que se parece al Profesor Memelovsky y que hasta hace unos meses ¡no conocía a la líder de su propio partido!; es en serio.

Cada vez falta menos para el 1 de julio y ustedes y yo tenemos que votar. Las opciones ahí están y parece que la consigna es elegir al “menos malo”, lo difícil con todo y lo mediocre de la situación, es saber quién es el menos malito de los cuatro.

Pienso que tal vez los mayas podrían haber tenido razón. Después de más de 70 años del PRI y de 12 años de alternancia desperdiciada, la búsqueda de la democracia parece más lejana e inalcanzable que nunca.

“¿Y si gana el Peje?, ¡ay no, qué miedo!”. “¿Y si nos gobierna una mujer?, ¡eso no puede ser!”. “¿Y si EPN es Presidente?, ¡ni Dios lo quiera, que no regresen los dinosaurios!

¿Y si se acaba el mundo?