Por José Pablo Salas
En vista de lo indispuesto que se encuentra nuestro sacrosanto Instituto Federal Electoral para realizar debates presidenciales (y lo lo mal que los hace), procedo a dejarle algunas instrucciones generales sobre cómo discutir con sus compañeros de trabajo, amigos y familiares, acerca de las próximas elecciones presidenciales:
Primero: Nadie se ve con los cuates para hablar de política. No en México. Si quiere hablar de ello aproveche una comida familiar o una cena de trabajo. Es indispensable que el tema surja entre la sopa de fideo y las enchiladas suizas. Nunca en el postre, a nadie le gusta salir del restaurante con un sabor amargo en la boca.
Segundo: No aborde el tema directamente, la discusión franca, inteligente y abierta nunca ha beneficiado a los países de incipiente democracia. Mencione, a manera de introducción, el bache que no han tapado en su colonia, o lo altos que están los precios de la luz y después exclame “¡Pero es que los políticos se roban todo! Por eso estas elecciones voy a votar por _____”
Tercero: Espere a que sus compañeros frunzan el ceño y expresen sus preferencias políticas. Mientras usted escucha, menee la cabeza con incredulidad, como si la decisión de por quién votar fuera obvia, sencilla y automática.
Cuarto: ¡No dé cuartel! Ni se le ocurra escuchar los argumentos ajenos y proceda a descalificar la opinión del otro: ¡Cómo crees, ese güey es un corrupto! O ¡Ése toda la vida ha comido de nuestros impuestos! O el infalible ¡Cómo por él si es bien ratero!
Quinto: Su contraparte deberá igualmente pronunciarse en contra del candidato que usted escogió. Una vez que lo haga, prosiga la defensa de su mero gallo con la fórmula del por lo menos. “Por lo menos él no acabó la carrera en catorce años”, “Por lo menos es una mujer y las mujeres no han gobernado en México”, “Por lo menos su partido no estuvo setenta años en el poder”, “Por lo menos él no lleva cincuenta mil muertos”.
Sexto: Si se ve obligado a hacer una concesión a favor de su oponente contraataque de
inmediato. Puede utilizar el consabido: “Pues sí, pero eso no le quita lo corrupto, ratero, hipócrita, estúpido, machista, pendejo, inútil, etcétera”.
Séptimo: Ha llegado el momento de las declaraciones fuertes. Aquí se vale decir de todo y si es necesario deberá contradecirse. Señale los vicios de los demás (así sean rumores) aunque su propio elegido también los padezca. ¿Qué más da si Vázquez Mota tampoco sabe quién es Carlos Fuentes? ¡Poco importa que el Peje y Peña Nieto sufran la misma obsesión por el trono! Usted escupa, berree, maldiga y critique sin piedad a los otros candidatos. En este paso se generará un momento de incomodidad, de ser necesario retorne al meneo negativo de cabeza con mayor énfasis. Finalice con una frase poderosa: “¡Pues será todo lo que tú dices pero yo voy a votar por él con tal de que no llegue el otro!”
Octavo: La tensión disminuye. Después de un momento de silencio muéstrese conciliador y suelte la frase que resume la realidad nacional: “La verdad es que nos toca votar por el menos malo.” Once palabras que el IFE se empeña en tratar de desmentir a cada momento.
Noveno: Ríase de la discusión que acaban de tener. En este momento de las enchiladas no debe quedar rastro. Pida un café y un postrecito. Para acabar de relajar el ambiente exprese: “Es que la neta todos los políticos son iguales.”
Décimo: Una vez que se encuentre solo, no escuche esa voz insinuante de que tal vez usted no tenía razón. Es importante comprender que discutir de política en México tiene más que ver con la fuerza de voluntad que con un ejercicio de discusión argumentado. Finalice la tertulia preguntando cuánto quedó el Cruz Azul-Atlante.




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