Por José Pablo Salas
Para Josefina Vázquez Mota todo salió mejor de lo esperado en su visita a la “Ibero”. La famosa Ibero, esa universidad de gente fascista, intolerante, acarreada, porra, maleducada, equivocada e imperfecta. El nuevo ágora de los jóvenes. Un manifestódromo de ladrillos rojos y cafeterías de primer mundo. O al menos eso dice Chepina que en toda su carrera (pobrecilla) no las visitó. En fin, ya mejores reseñistas habrán hablado de su actuación frente a los estudiantes, de su disposición para continuar el diálogo, de sus cambios de humor drásticos, y de su irrefrenable necesidad de contar anécdotas personales para responder a preguntas directas. Ella no salió mal librada, sería mezquino por mi parte decir que le fue mal. Pero aún más mezquina me parece la actitud de algunos chepinos. Tan grises y bipolares como su candidata.
No hay que generalizar, el discurso de intolerancia no lo llevan en la sangre por ser panistas, pero parece que los chepinos, en su afán super-democrático, han decidido ejercer su libertad de expresión en bolita y de manera unívoca… Digamos que sólo escuchan lo que les agrada a sus oídos.
Durante la conferencia de Vázquez Mota hubo manifestaciones de desacuerdo y crítica hacia la candidata y su partido. Aunque no de la misma proporción que las protestas contra Peña Nieto, algunos estudiantes recriminaron la elevadísima cifra de muertos motivada por una guerra sin sentido contra el crimen organizado. Otro caso sonado fue el de la Guardería ABC. ¿La reacción de (permítanme acotar) varios estudiantes que se encontraban afuera del auditorio Sánchez Villaseñor? …¡Cállense!
¡Cállate! ¡Deja escuchar! ¡Sáquenla! ¡Ay ya plis en serio sáquenla! ¡Quiere llorar!... esto le gritaban a sus propios compañeros algunos seguidores de Josefina. No había necesidad de tales expresiones, son un sinsentido. Pero, al parecer, los chepinos no comparten esta opinión, ellos quieren hacer de su discurso el único válido.
Pues no compañeros, siento por esta vez no complaceros. Las voces que clamaban “¡Justicia ABC!” no se van a callar. No pueden seguir pretendiendo que no existen, o que las 60 mil víctimas por el narcotráfico no tienen voz; pues, en la tierra de Juan Rulfo, los muertos hablan más que los propios vivos. Tal vez no era el auditorio, ni el momento, ni la persona correcta a quien increpar. Pero estos actos desesperados hablan de lo hartos que están algunos sectores por el ostracismo y la impunidad en el que nos ha metido el PAN. Sí, hay estabilidad, sí no hay crisis, sí “México ya no es pobre, sólo es un país de pobres”. Sí, ¿de qué sirve?
La reacción de la candidata fue la adecuada. Aunque un poco forzada escuchó a los jóvenes, y aguantó estoicamente el pase de lista de los niños fallecidos en la tragedia de la guardería ABC. Quizá sus seguidores podrían aprender un poco de ella y detenerse a escuchar. Bajarse de la burbuja del miedo y la prepotencia y confrontar otras posturas. He ahí el ideal democrático, poder disentir y dialogar, nunca imponer. Pues si Chepina dice que construyamos juntos el México diferente, yo, con esos camaradas, no me subo al barco.




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